Nos visitó Nicolás "Colacho" Brizuela. Estuvimos charlando sobre su nuevo disco "Nos volveremos a ver", una versión muy nuestra de la música del gran Bill Evans.
domingo, 30 de mayo de 2010
Miserias Nac & Pop
Me preocupa que ronden en mi cabeza determinados temas que logran que para algunos amigos me convierta en un tipo amargo que no tiene la capacidad de alegrarse frente a un presente envidiable por todos los soñadores de utopías, aquellos que hubiesen querido vivir este tiempo en que un gobierno tuerce el camino hacia una patria más igual.
Y no es que esté ciego ante las muestras de cambio, ante tantas decisiones que comparto. Simplemente me pregunto, te pregunto, si es este un gobierno decidido a la tan nombrada redistribución, a poner al ciudadano en su justo lugar, por encima de intereses económicos corporativos. O será que los pasos que aplaudo tienen más que ver con pujas de poder y con una sabia lectura de la realidad que un Diciembre de 2001 condicionaba cualquier gobierno que sobreviva al frustrado “que se vayan todos”. Condicionamiento que permitió la incorporación de buenas voluntades al gobierno. Voluntades que tienen la dura tarea de convivir con la resaca de un modo de hacer política que aborrecen. Cada quien se hará cargo de sus úlceras. Cada quien sabe hasta dónde puede y debe ensuciarse y con quienes lo hace.
Pascua Lama es uno de esos temas que atragantan. Pascua Lama es un proyecto binacional minero que pretende realizar la compañía transnacional Barrick Gold, en la alta cordillera de Chile y Argentina. En Chile, la zona comprometida corresponde a la Tercera Región (Región de Atacama) y en Argentina a la provincia de San Juan. Busca extraer el oro que se encuentra bajo glaciares milenarios, reservas acuíferas en el desierto más seco del mundo, con el consiguiente resultado de destrucción de la naturaleza y contaminación del agua, el bien más preciado por estos tiempos.
Para poder desarrollar un proyecto en esta zona, era necesario contar con una ley que otorgara facultades especiales a las empresas, por sobre las legislaciones nacionales. Para ello, la empresa redactó un texto legal, que fue aprobado en 1997 por Carlos Menem (presidente de Argentina) y Eduardo Frei (presidente de Chile). Pero eso eran otros tiempos, otras ideas se agitaban en el poder. Por eso en 2008 el Congreso sancionó una Ley de Glaciares prohibiendo que en los hielos y en su entorno se realicen actividades que puedan afectar su condición natural o que impliquen su destrucción o traslado o interfieran en su avance, como por ejemplo la exploración y explotación minera o petrolífera. Increíblemente, o no tanto, esa ley fue vetada a fines de ese mismo año por la Presidenta, según cuentan, por presión del aliado Gobernador de San Juan, José Luis Gioja. Algunos malintencionados lo vinculan con la empresa Barrick Gold, pero son las malas lenguas siempre dispuestas.
La Ley de Glaciares vuelve a ser tratada por estos tiempos en el Congreso. Es una buena oportunidad para que el Gobierno ejercite su sabia lectura de la realidad, priorice el resguardo de la naturaleza y la salud de los pueblos, a los intereses de multinacionales arrasadoras y sus aliados rapiñeros de cabotaje. Ojalá tengamos una decisión que sume a los aciertos.
Y no es que esté ciego ante las muestras de cambio, ante tantas decisiones que comparto. Simplemente me pregunto, te pregunto, si es este un gobierno decidido a la tan nombrada redistribución, a poner al ciudadano en su justo lugar, por encima de intereses económicos corporativos. O será que los pasos que aplaudo tienen más que ver con pujas de poder y con una sabia lectura de la realidad que un Diciembre de 2001 condicionaba cualquier gobierno que sobreviva al frustrado “que se vayan todos”. Condicionamiento que permitió la incorporación de buenas voluntades al gobierno. Voluntades que tienen la dura tarea de convivir con la resaca de un modo de hacer política que aborrecen. Cada quien se hará cargo de sus úlceras. Cada quien sabe hasta dónde puede y debe ensuciarse y con quienes lo hace.
Pascua Lama es uno de esos temas que atragantan. Pascua Lama es un proyecto binacional minero que pretende realizar la compañía transnacional Barrick Gold, en la alta cordillera de Chile y Argentina. En Chile, la zona comprometida corresponde a la Tercera Región (Región de Atacama) y en Argentina a la provincia de San Juan. Busca extraer el oro que se encuentra bajo glaciares milenarios, reservas acuíferas en el desierto más seco del mundo, con el consiguiente resultado de destrucción de la naturaleza y contaminación del agua, el bien más preciado por estos tiempos.
Para poder desarrollar un proyecto en esta zona, era necesario contar con una ley que otorgara facultades especiales a las empresas, por sobre las legislaciones nacionales. Para ello, la empresa redactó un texto legal, que fue aprobado en 1997 por Carlos Menem (presidente de Argentina) y Eduardo Frei (presidente de Chile). Pero eso eran otros tiempos, otras ideas se agitaban en el poder. Por eso en 2008 el Congreso sancionó una Ley de Glaciares prohibiendo que en los hielos y en su entorno se realicen actividades que puedan afectar su condición natural o que impliquen su destrucción o traslado o interfieran en su avance, como por ejemplo la exploración y explotación minera o petrolífera. Increíblemente, o no tanto, esa ley fue vetada a fines de ese mismo año por la Presidenta, según cuentan, por presión del aliado Gobernador de San Juan, José Luis Gioja. Algunos malintencionados lo vinculan con la empresa Barrick Gold, pero son las malas lenguas siempre dispuestas.
La Ley de Glaciares vuelve a ser tratada por estos tiempos en el Congreso. Es una buena oportunidad para que el Gobierno ejercite su sabia lectura de la realidad, priorice el resguardo de la naturaleza y la salud de los pueblos, a los intereses de multinacionales arrasadoras y sus aliados rapiñeros de cabotaje. Ojalá tengamos una decisión que sume a los aciertos.
domingo, 23 de mayo de 2010
¿Revolución de Mayo? La patria que duele.
En definitiva…son doscientos años. Casi imposible evadir el encanto de los números redondos. ¿Y qué más redondo que dos ceros?. Si de algo nos puede servir tal aniversario es para sumar a los festejos una cuota de reflexión serena sobre aquellas banderas que un país debe agitar a lo largo de su historia. Historia contradictoria desde aquel 1810 en que una patria intentaba levantarse sobre tantas historias y pueblos pre-existentes.
Milcíades Peña, historiador que respeto tanto y que tan poco se cita por estos tiempos, sostiene que la Revolución de Mayo no fue una revolución. Mayo significa para las provincias separación de España y sometimiento a Buenos Aires, reforma del coloniaje, no su abolición, (...) la revolución a creado el “estado metrópoli” , Buenos Aires y el país vasallo (...) el uno gobierna, el otro obedece; el uno goza del tesoro, el otro lo produce; el uno es feliz, el otro miserable...
Traigo conmigo algunas citas del discurso que el profe de historia Miguel Angel Abramzón, mi amigo Míguel, iba a pronunciar a sus alumnos y la lluvia se lo postergó. Me sirven sus palabras para ordenar mis sentires. Dice el tipo que en aquél Mayo hubo un proceso contradictorio que tuvo acciones generosas y egoístas, héroes y traidores, personas de ideales nobles y oportunistas que buscaron privilegios individuales o corporativos. Lo lamentable es que a doscientos años prevalezcan la opresión, la injusticia y la miseria entre nosotros.
Es importante recordar a quienes sostuvieron ideales de fraternidad y lucharon por la igualdad y libertad de todos los americanos. Es importante rescatar las figuras de Mariano Moreno, Manuel Belgrano o Juan José Castelli. Tan importante como señalar que el primero fue instigado a abandonar el país no con la mejor suerte, el segundo murió pobre e ignorado, y el tercero, traicionado por sus compatriotas y casi anulado de la historia. ¿Qué pasó? ¿Qué hicimos con esto?
Contrastá a esos patriotas con los políticos actuales. Aquellos donando sus fortunas y entregando su vida por el bien general, y los que le siguieron hasta nuestros días. Quizá sea la respuesta sobre quiénes fueron los vencedores en aquél tiempo y sostienen el poder hasta hoy. El poder real – el económico – ese que a lo largo de nuestra historia no se ha desplazado. Y la historia es contada por esos vencedores.
¿Podemos determinar hacia donde ir desconociendo verdaderamente de donde venimos? Si no ponemos el acento en la educación sabiendo hacia donde vamos, estamos jodidos. Pero, ¿Sabemos hacia donde queremos ir?
Mi esperanza está llena de lugares comunes. Un país donde nadie muera de hambre, donde haya trabajo, salud, educación...
Una tierra de hombres y mujeres soberanos, con capacidad crítica.
No puedo callar el antipatriotismo de permitir la megaminería que condiciona la vida de los pueblos, el modelo sojero que desmonta salvajemente y la superproducción de alimentos de nuestra patria que sostiene diez millones de personas sub-alimentadas. Es una tristeza que me duele. Podría no mirar esto y este programa sería màs simpático y falso.
Conmemorar un aniversario de estas características no está mal en si, en definitiva son doscientos años... lo que no podemos es limitarnos a festejar habiendo tantas deudas pendientes. Este 25 de mayo, justamente, nos exige definir que país queremos ser y empezar intentarlo. Tal como lo soñaron y lucharon Castelli, Belgrano o Moreno, entre otros, levantemos aquellas banderas de Mayo, las mismas hoy: Igualdad y libertad para todos los americanos.
Milcíades Peña, historiador que respeto tanto y que tan poco se cita por estos tiempos, sostiene que la Revolución de Mayo no fue una revolución. Mayo significa para las provincias separación de España y sometimiento a Buenos Aires, reforma del coloniaje, no su abolición, (...) la revolución a creado el “estado metrópoli” , Buenos Aires y el país vasallo (...) el uno gobierna, el otro obedece; el uno goza del tesoro, el otro lo produce; el uno es feliz, el otro miserable...
Traigo conmigo algunas citas del discurso que el profe de historia Miguel Angel Abramzón, mi amigo Míguel, iba a pronunciar a sus alumnos y la lluvia se lo postergó. Me sirven sus palabras para ordenar mis sentires. Dice el tipo que en aquél Mayo hubo un proceso contradictorio que tuvo acciones generosas y egoístas, héroes y traidores, personas de ideales nobles y oportunistas que buscaron privilegios individuales o corporativos. Lo lamentable es que a doscientos años prevalezcan la opresión, la injusticia y la miseria entre nosotros.
Es importante recordar a quienes sostuvieron ideales de fraternidad y lucharon por la igualdad y libertad de todos los americanos. Es importante rescatar las figuras de Mariano Moreno, Manuel Belgrano o Juan José Castelli. Tan importante como señalar que el primero fue instigado a abandonar el país no con la mejor suerte, el segundo murió pobre e ignorado, y el tercero, traicionado por sus compatriotas y casi anulado de la historia. ¿Qué pasó? ¿Qué hicimos con esto?
Contrastá a esos patriotas con los políticos actuales. Aquellos donando sus fortunas y entregando su vida por el bien general, y los que le siguieron hasta nuestros días. Quizá sea la respuesta sobre quiénes fueron los vencedores en aquél tiempo y sostienen el poder hasta hoy. El poder real – el económico – ese que a lo largo de nuestra historia no se ha desplazado. Y la historia es contada por esos vencedores.
¿Podemos determinar hacia donde ir desconociendo verdaderamente de donde venimos? Si no ponemos el acento en la educación sabiendo hacia donde vamos, estamos jodidos. Pero, ¿Sabemos hacia donde queremos ir?
Mi esperanza está llena de lugares comunes. Un país donde nadie muera de hambre, donde haya trabajo, salud, educación...
Una tierra de hombres y mujeres soberanos, con capacidad crítica.
No puedo callar el antipatriotismo de permitir la megaminería que condiciona la vida de los pueblos, el modelo sojero que desmonta salvajemente y la superproducción de alimentos de nuestra patria que sostiene diez millones de personas sub-alimentadas. Es una tristeza que me duele. Podría no mirar esto y este programa sería màs simpático y falso.
Conmemorar un aniversario de estas características no está mal en si, en definitiva son doscientos años... lo que no podemos es limitarnos a festejar habiendo tantas deudas pendientes. Este 25 de mayo, justamente, nos exige definir que país queremos ser y empezar intentarlo. Tal como lo soñaron y lucharon Castelli, Belgrano o Moreno, entre otros, levantemos aquellas banderas de Mayo, las mismas hoy: Igualdad y libertad para todos los americanos.
"El regreso", Rafael Dieste
Sentada al amor de la lumbre, donde un pequeño fuego todavía se esfuerza en hacerle compañía, la vieja Resenda tiene fijo el pensamiento en lejanos recuerdos, y puede que en algún presagio que esa noche le espantó el sueño. A veces se mueve un poco, escucha, y en seguida retorna a su embeleso...
Le quedó el nombre de Resenda porque su difunto marido era el señor Resende, y también como un modo de guardarle respeto.
Aún trabajaba el viejo cuando el mozo gallardo, su Andresiño, regalo de la casa, se fue en grey con otros, mordiendo un clavel, a tierras de Morería. Poco supieron decir de él los otros. Sí, lo habían visto por allá. Pero, debéis tener en cuenta... Allá no es como aquí. Millares y millares de hombres, una romería impresionante. Unos yendo hacia adelante, otros aguantando la sed en la cumbre de un cerro, o transportando los víveres... ¿Quién habla de muerte?
Se sabría. Y venía entonces el tejer y destejer sospechas, conjeturas: casos de los que se pierden, de cautivos, de los que andan en secretas encomiendas. Con aquellas historias la ansiedad de los viejos se entretenía. Pero el tiempo corría... En fin, se dejó de hablar del asunto, y pronto el viejo perdió los ánimos y aquel amor a la tierra que levanta a los labradores. No duró mucho. Un día sintió frío y se encogió en el lecho con el deseo de un largo, infinito reposo, el rostro perdido en no se sabe qué lejano amanecer. Estuvo encamado una temporada, sin ningún deseo de hablar. Un día llamó a la compañera a su lado, le apretó la mano y, muy bajo, murmuró: No vuelve...
Aquella noche el viejo moría.
La vieja Resenda quedó sola, sola. Pero en su espíritu una palabra única se levantó para nunca más ser derribada. El viejo agonizante había dicho: No vuelve. Ella, con una seguridad hecha de anhelos y presentimientos, dijo: ¡Vuelve! Y esperó a lo largo de muchos inviernos...
Un andar suave, amortiguado, se deslizó por el piso de arriba.
Después el portón de la cocina se abrió un poco, silencioso y cauto. Pero de repente se cerró y batió violentamente en el marco de perpiaño.
Los sueños de la anciana huyeron. Con los ojos encendidos levantó la cabeza y se puso a escuchar...
Todo enmudece en la casa a no ser las pisadas blandas, leves.
—¿Quién anda ahí? —gritó. Y su propia voz sin respuesta la llenó de extrañeza.
Se sintió sola por vez primera, y como pasmada, todavía más que atemorizada, de aquella soledad.
Entonces comenzó a llamar al hijo como si estuviera allí adormilado, con la mira de espantar al ladrón, pero también para sentirse menos desamparada:
—¡Despierta, perezoso, que anda gente por la casa! Coge esa hacha y corre a ese lobicán que viene a robar a los pobres. Para una corteza de pan que ha de encontrar en el horno es capaz de estrangularme.
La voz se le ovilló. Alguien parecía ahora empujar la puerta desde fuera con esa lentitud astuta de los gatos o del viento tramposo. Chirriaron de improviso los goznes, con un lamento de pereza importunada, y la puerta quedó franca.
Allí, deteniendo el paso, como para dar tiempo a la madre para serenarse, estaba, erguido y alegre, el hijo de la vieja Resenda. El resplandor del pequeño fuego, que en aquel instante se avivó de súbito, relampagueó en su rostro. Era el de siempre... Los dientes, mozos, mordían todavía el clavel.
Alguna mujer que pasó volando junto a la casa, sintió gritar a la vieja el nombre de su hijo. Otros dicen que la sintieron hablar a deshora, y hasta canturrear mientras iba y venía. Otros (tiempo después) que un mendigo forastero, sospechoso, había estado espiando un ventanuco de la casa, encima de un emparrado, para ver dónde escondía la vieja unas onzas de oro que, según rumor corrido por la aldea, tenía costumbre de contar diciendo: Las guardé para ti, hijo mío. Pasé malos años, pero aquí están. Y se dice que ese mendigo nada pudo decir de semejante oro... Sí del terrible acontecimiento, y que fue a confesarse muy arrepentido.
Al día siguiente —ya no calentaba el sol— los vecinos llamaron hasta hartarse en la puerta de la casa silenciosa. Finalmente decidieron, después de hablar en grupo con la alegría inconfesada de las alarmas insólitas, echar la puerta abajo. Por el hueco que abrieron los empujones del más corpulento se colaron todos.
Muy pronto dieron con la vieja Resenda. A poco trecho del hogar la encontraron tendida en el suelo, con los ojos tan abiertos que no parecía que estuviese muerta.
De Andrés nunca se supo. Todos dicen que fue comido por los cuervos en tierras de Morería.
Le quedó el nombre de Resenda porque su difunto marido era el señor Resende, y también como un modo de guardarle respeto.
Aún trabajaba el viejo cuando el mozo gallardo, su Andresiño, regalo de la casa, se fue en grey con otros, mordiendo un clavel, a tierras de Morería. Poco supieron decir de él los otros. Sí, lo habían visto por allá. Pero, debéis tener en cuenta... Allá no es como aquí. Millares y millares de hombres, una romería impresionante. Unos yendo hacia adelante, otros aguantando la sed en la cumbre de un cerro, o transportando los víveres... ¿Quién habla de muerte?
Se sabría. Y venía entonces el tejer y destejer sospechas, conjeturas: casos de los que se pierden, de cautivos, de los que andan en secretas encomiendas. Con aquellas historias la ansiedad de los viejos se entretenía. Pero el tiempo corría... En fin, se dejó de hablar del asunto, y pronto el viejo perdió los ánimos y aquel amor a la tierra que levanta a los labradores. No duró mucho. Un día sintió frío y se encogió en el lecho con el deseo de un largo, infinito reposo, el rostro perdido en no se sabe qué lejano amanecer. Estuvo encamado una temporada, sin ningún deseo de hablar. Un día llamó a la compañera a su lado, le apretó la mano y, muy bajo, murmuró: No vuelve...
Aquella noche el viejo moría.
La vieja Resenda quedó sola, sola. Pero en su espíritu una palabra única se levantó para nunca más ser derribada. El viejo agonizante había dicho: No vuelve. Ella, con una seguridad hecha de anhelos y presentimientos, dijo: ¡Vuelve! Y esperó a lo largo de muchos inviernos...
Un andar suave, amortiguado, se deslizó por el piso de arriba.
Después el portón de la cocina se abrió un poco, silencioso y cauto. Pero de repente se cerró y batió violentamente en el marco de perpiaño.
Los sueños de la anciana huyeron. Con los ojos encendidos levantó la cabeza y se puso a escuchar...
Todo enmudece en la casa a no ser las pisadas blandas, leves.
—¿Quién anda ahí? —gritó. Y su propia voz sin respuesta la llenó de extrañeza.
Se sintió sola por vez primera, y como pasmada, todavía más que atemorizada, de aquella soledad.
Entonces comenzó a llamar al hijo como si estuviera allí adormilado, con la mira de espantar al ladrón, pero también para sentirse menos desamparada:
—¡Despierta, perezoso, que anda gente por la casa! Coge esa hacha y corre a ese lobicán que viene a robar a los pobres. Para una corteza de pan que ha de encontrar en el horno es capaz de estrangularme.
La voz se le ovilló. Alguien parecía ahora empujar la puerta desde fuera con esa lentitud astuta de los gatos o del viento tramposo. Chirriaron de improviso los goznes, con un lamento de pereza importunada, y la puerta quedó franca.
Allí, deteniendo el paso, como para dar tiempo a la madre para serenarse, estaba, erguido y alegre, el hijo de la vieja Resenda. El resplandor del pequeño fuego, que en aquel instante se avivó de súbito, relampagueó en su rostro. Era el de siempre... Los dientes, mozos, mordían todavía el clavel.
Alguna mujer que pasó volando junto a la casa, sintió gritar a la vieja el nombre de su hijo. Otros dicen que la sintieron hablar a deshora, y hasta canturrear mientras iba y venía. Otros (tiempo después) que un mendigo forastero, sospechoso, había estado espiando un ventanuco de la casa, encima de un emparrado, para ver dónde escondía la vieja unas onzas de oro que, según rumor corrido por la aldea, tenía costumbre de contar diciendo: Las guardé para ti, hijo mío. Pasé malos años, pero aquí están. Y se dice que ese mendigo nada pudo decir de semejante oro... Sí del terrible acontecimiento, y que fue a confesarse muy arrepentido.
Al día siguiente —ya no calentaba el sol— los vecinos llamaron hasta hartarse en la puerta de la casa silenciosa. Finalmente decidieron, después de hablar en grupo con la alegría inconfesada de las alarmas insólitas, echar la puerta abajo. Por el hueco que abrieron los empujones del más corpulento se colaron todos.
Muy pronto dieron con la vieja Resenda. A poco trecho del hogar la encontraron tendida en el suelo, con los ojos tan abiertos que no parecía que estuviese muerta.
De Andrés nunca se supo. Todos dicen que fue comido por los cuervos en tierras de Morería.
domingo, 16 de mayo de 2010
Violaciones de toda la sociedad
Ciertos hechos me provocan la sensación de no entender absolutamente nada de lo que me rodea. Avergüenza y duele, tener que reconocer el grado de disolución de nuestra sociedad.
Me pregunta mi amigo: ¿hay lugar para el asombro? ¿No es acaso esto lo que vivimos hace tiempo, lo que fuímos construyendo? Algunos responsables directos, otros por omisión y unos cuantos resistiendo. Tal vez sí. Tal vez uno no lo quiera ver y recurre a la ceguera de quien no quiere ver la derrota.
Los hechos de General Villegas, sin embargo, son algo brutalmente novedoso.
Una nena de 14 años fue abusada por tres adultos, con un morbo tal, capaz de registrar todo y mostrarlo. Después fue violada por unas 150 personas más que salieron a lincharla y apoyar a los violadores. Finalmente fue violada por otros miles más en todo el país que apoyan el linchamiento de esta “vaguita”. Me animo a decir, con tristeza, que esta criatura es violada por millones que mirando el noticiero se hacen fiscales de la realidad mediática.
Recordé aquél obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, cuando declaró que “ciertos menores, no solo están totalmente de acuerdo con el abuso, sino que lo desean”.
¿Cuántos de los manifestantes de Villegas irán a la iglesia el domingo?
No puedo ver esto como un hecho aislado.
Abríamos el revuelto la semana pasada hablando de violencia de género. Lamentablemente, la mayoría de los manifestantes de Villegas eran mujeres, ahí ves que la violencia de género no es solamente hombres maltratando mujeres, es discriminación y maltrato metidos en nuestra cultura y que algunas veces tienen mayor trascendencia.
La violación de Tinelli a una comunidad aborigen de Apipé, hace algunos días atrás, ¿no revela ese mismo trasfondo? Humillar a esa gente para grabar su dolor y terminar dándole una limosna, ¿no es, acaso, otra violación brutal? ¿no es el descaro de lucrar con la falsa y populista solidaridad?
¿Qué relación hay entre la década menemista y sus continuadores y esta descomposición social?
Si no recuperamos la capacidad social de proteger a nuestros pibes, si no somos capaces de distinguir el bien del mal y todo es un revuelto de mal gusto, si no nos levantamos contra esta manera de relación social, individualista y brutalmente sádica, no somos más que una jauría con tecnología digital.
Floreal Gorini, aquel cooperativista luminoso, decía que “el avance hacia la utopía requiere de muchas batallas, pero sin duda la primera es la batalla cultural”
Somos cuarenta y dos radios revueltas, somos muchos haciéndonos parte de un todo más solidario pero sobre todo menos falso. Hay mucho por hacer para que no sean los pibes, por atorrantes o chorros, los señalados para el cadalso.
Me pregunta mi amigo: ¿hay lugar para el asombro? ¿No es acaso esto lo que vivimos hace tiempo, lo que fuímos construyendo? Algunos responsables directos, otros por omisión y unos cuantos resistiendo. Tal vez sí. Tal vez uno no lo quiera ver y recurre a la ceguera de quien no quiere ver la derrota.
Los hechos de General Villegas, sin embargo, son algo brutalmente novedoso.
Una nena de 14 años fue abusada por tres adultos, con un morbo tal, capaz de registrar todo y mostrarlo. Después fue violada por unas 150 personas más que salieron a lincharla y apoyar a los violadores. Finalmente fue violada por otros miles más en todo el país que apoyan el linchamiento de esta “vaguita”. Me animo a decir, con tristeza, que esta criatura es violada por millones que mirando el noticiero se hacen fiscales de la realidad mediática.
Recordé aquél obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, cuando declaró que “ciertos menores, no solo están totalmente de acuerdo con el abuso, sino que lo desean”.
¿Cuántos de los manifestantes de Villegas irán a la iglesia el domingo?
No puedo ver esto como un hecho aislado.
Abríamos el revuelto la semana pasada hablando de violencia de género. Lamentablemente, la mayoría de los manifestantes de Villegas eran mujeres, ahí ves que la violencia de género no es solamente hombres maltratando mujeres, es discriminación y maltrato metidos en nuestra cultura y que algunas veces tienen mayor trascendencia.
La violación de Tinelli a una comunidad aborigen de Apipé, hace algunos días atrás, ¿no revela ese mismo trasfondo? Humillar a esa gente para grabar su dolor y terminar dándole una limosna, ¿no es, acaso, otra violación brutal? ¿no es el descaro de lucrar con la falsa y populista solidaridad?
¿Qué relación hay entre la década menemista y sus continuadores y esta descomposición social?
Si no recuperamos la capacidad social de proteger a nuestros pibes, si no somos capaces de distinguir el bien del mal y todo es un revuelto de mal gusto, si no nos levantamos contra esta manera de relación social, individualista y brutalmente sádica, no somos más que una jauría con tecnología digital.
Floreal Gorini, aquel cooperativista luminoso, decía que “el avance hacia la utopía requiere de muchas batallas, pero sin duda la primera es la batalla cultural”
Somos cuarenta y dos radios revueltas, somos muchos haciéndonos parte de un todo más solidario pero sobre todo menos falso. Hay mucho por hacer para que no sean los pibes, por atorrantes o chorros, los señalados para el cadalso.
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